La evacuación preventiva de varios edificios en Midtown Manhattan (New York), después de que se detectaran deformaciones en elementos estructurales durante la remodelación de un rascacielos, generó una rápida reacción en los medios. Las imágenes de columnas deformadas y pisos con desplazamientos visibles, llevaron a muchos a hablar de un posible colapso. Sin embargo, desde la ingeniería, una de las preguntas importantes no es si una columna se deformó, sino qué fue lo que provocó esa deformación.
En las edificaciones, una deformación es un indicio, no una conclusión; puede estar asociada a una sobrecarga temporal, a cambios en la secuencia constructiva, a una intervención no contemplada en el diseño o a una combinación de varios factores, por lo tanto sacar conclusiones apresuradas únicamente a partir de fotografías o de lo que muestran las noticias suele conducir a interpretaciones equivocadas.
Es precisamente en este punto donde cobra importancia el dictamen pericial. Mientras la noticia muestra las consecuencias del evento, el trabajo del ingeniero perito consiste en reconstruir lo ocurrido, identificar las causas y establecer si existieron decisiones, procedimientos o actuaciones que contribuyeron a la emergencia.
Las remodelaciones de gran escala son especialmente sensibles porque la estructura ya se encuentra en servicio y operando de cierta forma. Al retirar elementos, reforzar columnas, modificar espacios o incorporar nuevas cargas, el equilibrio o la forma bajo la cual venía trabajando, cambia temporalmente. Durante esas etapas pueden presentarse condiciones más exigentes que las previstas para la operación normal del edificio, razón por la cual la secuencia constructiva, los apuntalamientos temporales y el monitoreo estructural son determinantes.
Antes de inspeccionar la estructura, el perito reconstruye la cronología de los hechos, qué trabajos se ejecutaban, qué modificaciones fueron autorizadas, qué procedimientos estaban definidos y qué ocurrió realmente durante la intervención.
Después viene la revisión documental de planos, memorias de cálculo, bitácoras de obra, informes de supervisión, registros de interventoría, procedimientos constructivos y cualquier información que permita entender cómo se comportó la estructura antes, durante y después del evento.
La inspección en campo es solo una parte del análisis. Las deformaciones observadas deben contrastarse con mediciones, instrumentación, modelos estructurales y demás evidencia técnica para determinar si corresponden al comportamiento esperado o si revelan una falla en el proceso constructivo.
Esa es una de las principales diferencias entre un informe técnico y un dictamen pericial, por un lado un informe puede describir el estado de una estructura; un dictamen debe explicar por qué ocurrió el daño y demostrar, con evidencia, la relación entre las actuaciones realizadas y las consecuencias observadas.
En muchos procesos, el problema no es demostrar que existe una deformación, porque normalmente es evidente. Lo realmente complejo es establecer quién o por qué se ha generado tal falencia técnica. Para ello es necesario analizar todas las posibles causas y demostrar, de manera objetiva, cuál fue el factor que desencadenó el evento.
El caso de Manhattan también deja una enseñanza importante, una evacuación preventiva no significa, por sí sola, que exista un riesgo inminente de colapso. En la mayoría de los casos es una medida de gestión del riesgo para proteger a las personas mientras se realiza la evaluación técnica. Confundir esa decisión con un diagnóstico estructural puede llevar a conclusiones erradas.
En un contexto donde las imágenes circulan en minutos y las opiniones aparecen antes que los resultados de la investigación, el dictamen pericial sigue siendo la herramienta que permite separar las hipótesis de los hechos. Porque en ingeniería una deformación puede tener múltiples explicaciones, lo que debe ser analizado con suficiente evidencia técnica. Esa es, precisamente, la razón de ser de un dictamen pericial.
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