Autor: Sebastian Restrepo Londoño Abogado Junior
En Colombia, la mayoría de las sociedades son de origen y control familiar, lo anterior en razón a que un alto porcentaje de las pequeñas, medianas e incluso grandes empresas nacen y se consolidan a partir de vínculos familiares, sin embargo, la normativa que regula su funcionamiento ha sido escasa y dispersa, limitada a breves menciones en el Código de Comercio y algunas disposiciones aisladas en leyes especiales.
La reciente expedición de la Ley 2495 de 2025 no representa un cambio estructural en este panorama, aunque introduce un elemento novedoso: el “Sello Hecho en Familia” como distintivo de calidad y origen, la promoción de sus productos y servicios a través de campañas institucionales, acceso a capacitaciones y ruedas de negocio impulsadas por entidades como el Ministerio de Comercio e impulsa, así como la exención del pago de la matrícula mercantil para aquellas que inicien su actividad a partir de la promulgación de la norma.
Esta distinción busca posicionar a la familia como motor de desarrollo económico nacional, reconociendo la importancia de su aporte en la generación de empleo y riqueza. El sello será un signo distintivo otorgado por la Superintendencia de Industria y Comercio, con beneficios que deberán ser reglamentados por el Gobierno Nacional en un plazo de seis meses.
La Ley 2495 de 2025 ofrece importantes beneficios para las empresas familiares en Colombia, entre ellos la posibilidad de obtener el “Sello Hecho en Familia” como distintivo de calidad y origen, la promoción de sus productos y servicios a través de campañas institucionales, acceso a capacitaciones y ruedas de negocio impulsadas por entidades como el Ministerio de Comercio e INNPULSA, así como la exención del pago de la matrícula mercantil para aquellas que inicien su actividad a partir de la promulgación de la norma. Todo ello busca facilitar la formalización, visibilidad y fortalecimiento de este tipo de empresas.
Más allá del valor simbólico de este reconocimiento, uno de los aportes más concretos de la Ley es la inclusión, por primera vez, de una definición legal de empresa familiar, entendiéndose como:
“Toda actividad económica organizada para la producción, transformación, circulación, administración o custodia de bienes, o para la prestación de servicios, ofertada y legalmente constituida por dos o más miembros de un mismo núcleo familiar.”
El núcleo familiar se define como el conformado por cónyuges, compañeros permanentes, o parientes hasta el cuarto grado de consanguinidad o afinidad y primero civil.
Ahora bien, el gran interrogante es si esta ley realmente modifica la dinámica interna de las sociedades familiares. La respuesta, al menos en esta etapa, parece ser no.
La Ley 2495 de 2025 no introduce reglas específicas sobre la gobernanza interna, la sucesión, la resolución de conflictos o la administración de estas empresas, aspectos críticos que han sido históricamente fuente de disputas que amenazan la continuidad del negocio.
Ante esta ausencia legislativa, las familias empresarias han desarrollado, de manera voluntaria y preventiva, una serie de mecanismos contractuales y societarios para blindar su patrimonio y garantizar la estabilidad de la empresa. Entre los más efectivos se encuentran: i. Regulación de los estatutos sociales adecuados a las necesidades familiares, ii. Acuerdos de accionistas o protocolos de familia, y iii. Contratos civiles y mercantiles
La experiencia demuestra que, cuando estos mecanismos se diseñan e implementan de manera coherente, no solo reducen el riesgo de conflictos internos, sino que también mejoran la capacidad de la empresa para atraer inversión, acceder a financiación y proyectarse a largo plazo.
Por ello, aunque la Ley 2495 de 2025 reconoce formalmente a las empresas familiares y crea una herramienta de promoción como el “Sello Hecho en Familia”, todavía queda pendiente una regulación más profunda que aborde las particularidades de estas organizaciones desde la perspectiva societaria, sucesoral y de gobierno corporativo.
Mientras tanto, el verdadero blindaje sigue estando en manos de las familias, a través de la implementación estratégica de acuerdos, cláusulas y contratos que aseguren la preservación patrimonial y el control societario frente a los retos que puedan surgir, tanto internos como externos.
En OCH entendemos que las empresas familiares representan no solo un proyecto económico, sino también un legado construido con esfuerzo y unidad. Si desea profundizar en cómo esta normativa puede aplicarse a su empresa, o busca el acompañamiento adecuado para formalizar y fortalecer su negocio familiar, nuestro equipo está a su servicio para ofrecerle una asesoría integral y soluciones diseñadas a la medida.
En OCH creemos en el valor de la familia como motor de desarrollo y trabajamos para hacer grandes los negocios.
Fuentes: