Seis meses han pasado desde que en la madrugada del 24 de febrero Rusia anunció una “operación especial militar” sobre el país vecino de Ucrania, una acción que partió la historia reciente en dos, así como no hace mucho también lo hizo una pandemia de la cual el mundo aún no se ha recuperado del todo.
En los tiempos globalizados cualquier evento que suceda en el mundo tendrá repercusiones directas o indirectas con el resto de los países y el conflicto bélico entre las antiguas repúblicas soviéticas no fue la excepción, más aún cuando ambos son actores principales de los commodities energéticos como el petróleo y el gas o aquellos agroindustriales, como la urea o los cereales como el trigo. Ubicada a más de 10.000 kilómetros del conflicto, los efectos en Colombia surgieron desde los primeros compases de la guerra y se han mantenido durante este período impactando directa e indirectamente a los bolsillos de la población y también a las arcas del Estado.
Sobre este punto destaca el avance en los precios del petróleo, materia prima energética que se vio altamente sensible a los vaivenes de la guerra y superó la barrera de los US$100 manteniéndose en ella por largas semanas, lo que le permitió a países exportadores como Colombia mejorar la entrada de divisas. De acuerdo con las cifras del primer semestre del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane), las exportaciones de crudo sumaron US$8.836,2 millones en el 2022, lo que representó un crecimiento de 76% frente al mismo período de 2021 cuando sumaron US$5.020,7 millones. En cuanto al volumen comercializado en el período en estudio se comercializaron 90,6 millones de barriles, un crecimiento de 9,10% frente al 2021 cuando se vendieron al exterior 83 millones de barriles.
Una consecuencia directa que afecta a Colombia y ahí es donde va el debate: es el aumento de los precios del petróleo y del gas en la economía internacional; que tiene una incidencia directa justo cuando en Colombia, con el nuevo gobierno, se está haciendo un debate sobre si había que dejar de producir petróleo y gas, es una especie de frente novedoso de cara a las energías convencionales.
Sin embargo, esta revalorización del precio del crudo sería, para los analistas, un arma de doble filo por lo que por otro lado explicaría parte del encarecimiento de los bienes y servicios y por ende también de las importaciones que realiza el país.
El hecho de que aumenten los beneficios no se compensa del todo por cuenta del costo y el encarecimiento de la inflación global y que esto impacta directamente en las importaciones. Así el primer efecto es el aumento de la inflación por la guerra en Ucrania. Básicamente el conflicto ha encarecido los precios de los combustibles y de los costos logísticos por los bloqueos navales en el Mar Negro. Se ha registrado una escasez de urea desde inicio de la guerra, puesto que desde Ucrania se importaba una gran cantidad. Es importante mencionar que, de acuerdo con la SAC, los fertilizantes pesan entre 17% y el 34% de los costos de producción en Colombia, por lo cual genera un alto impacto en los agricultores.
Aunque el país ya registraba un déficit comercial con los territorios beligerantes antes del conflicto, se evidencia que a raíz de este, se ha reducido el intercambio de bienes con Ucrania y aumentado en cambio con Rusia. Según las cifras del DANE, Colombia tiene un déficit comercial con Moscú de US$189 millones a corte del primer semestre y de US$19,2 millones con Kiev.
Pero tal como afirman los analistas, el impacto de la guerra en los costos de los alimentos es una problemática global, como lo registra el Índice de Precios mensual de la FAO. El historial repuntó en febrero y un mes después alcanzó su pico de 159.7, que posteriormente se ha ido mermando a pesar de continuar en cifras récord.
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Fuentes:
- DANE
- FAO
- La República