En la práctica del peritaje técnico en ingeniería civil, existe un patrón que se repite con frecuencia; dos partes llegan a un conflicto con versiones completamente diferentes de lo que acordaron, no porque alguna actúe de mala fe, sino porque desde el principio el contrato no definió con precisión su propia naturaleza.
¿Se pactó un precio global o un valor sujeto a ajuste por APU? ¿Quién asume las variaciones de cantidades? ¿A quién corresponde el riesgo de los imprevistos geotécnicos? Estas preguntas, que parecen obvias al inicio, se convierten en el epicentro de reclamaciones cuando no tienen respuesta contractual clara.
La clasificación del tipo de contrato no es un tecnicismo jurídico que los ingenieros pueden delegar a los abogados y olvidar. Es el instrumento que determina cómo se distribuye el riesgo, cómo se valoran los cambios y, de manera crítica, qué puede reclamarse y qué no puede reclamarse cuando las cosas no salen según lo planeado.
Antes de hablar de reclamaciones, es necesario tener claridad sobre qué distingue cada tipo de contrato:
- Contrato por precios unitarios (APU): las partes acuerdan precios por unidad de obra (metro cúbico de concreto, metro lineal de excavación, unidad de pilote) y el valor total se determina multiplicando esos precios por las cantidades realmente ejecutadas. El riesgo de variación de cantidades lo asume, en principio, el contratante. Este modelo predomina en obras donde el alcance exacto no se puede determinar con precisión al inicio: excavación en roca variable, movimientos de tierra en terrenos heterogéneos, obras de contención donde las condiciones del subsuelo pueden deparar sorpresas.
- Contrato a precio global fijo: se pacta un valor total por el alcance completo definido en el contrato. El contratista asume el riesgo de las variaciones de cantidades dentro del alcance acordado. Es adecuado cuando los diseños están completos y el alcance es predecible. El éxito en la implementación de este modelo depende directamente de la calidad de los estudios previos; si hay incertidumbre técnica no reconocida en el precio, el conflicto es casi inevitable.
- Contrato por administración delegada: el contratante paga los costos directos reales de la obra más una tarifa de administración o un porcentaje de utilidad al contratista. Este último actúa esencialmente como gerente de la construcción. Es el modelo de mayor transparencia en costos y el de menor riesgo para el contratista, pero requiere una supervisión muy activa del contratante y mecanismos de control de costos robustos. Se usa frecuentemente en obras de emergencia, rehabilitaciones complejas o cuando el alcance simplemente no puede determinarse de antemano.
Cuando una disputa llega a un proceso pericial, lo primero que debe tener en cuenta el dictamen es precisamente cuál es la naturaleza del contrato, el perito no puede calcular impactos económicos ni valorar reclamaciones en abstracto. Cada metodología de análisis está condicionada por el tipo de contrato. Un sobrecosto por mayor cantidad de excavación tiene implicaciones distintas en un contrato APU que en uno global. Un imprevisto geotécnico puede ser reclamable en uno y estar expresamente a riesgo del contratista en el otro.
Existe una tendencia en los equipos de proyecto a ver la definición precisa del tipo de contrato como un asunto de abogados, necesario para firmar, pero irrelevante para la operación diaria. Esa percepción es costosa.
Cada hora invertida al inicio del proyecto en definir con precisión la modalidad contractual, sus implicaciones en la distribución de riesgos, las condiciones para variaciones de alcance y los mecanismos de ajuste de precio, se traduce en claridad durante la ejecución y en solidez jurídica si hay que reclamar. No es papeleo, es la diferencia entre tener una reclamación fundada técnicamente o tener argumentos que se derrumban ante el primer análisis pericial serio.
Antes de firmar un contrato, es clave entender si el contrato responde con precisión estas tres preguntas. ¿Quién asume el riesgo de variaciones de cantidades? ¿Bajo qué condiciones puede modificarse el precio? ¿Cómo se valoran los imprevistos? Si las respuestas son ambiguas, el contrato necesita más trabajo. No importa la presión para cerrar. Ese trabajo adicional puede ser la diferencia entre un proyecto que termina bien y uno que termina en disputa.