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El dictamen pericial, la prueba idónea para establecer perjuicios materiales como el daño emergente y lucro cesante

El dictamen pericial, la prueba idónea para establecer perjuicios materiales como el daño emergente y lucro cesante

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Los perjuicios materiales se determinan con la ciencia jurídica; la contabilidad y las finanzas son herramientas para establecer el monto de tales perjuicios, para ser presentados en el dictamen pericial.

Para que exista responsabilidad civil (contractual o extracontractual), una persona o ente (demandante) debe sufrir un daño, producto del dolo o culpa en el accionar de otro (demandado), que lesiona, menoscaba o disminuye el patrimonio del afectado, lo que conlleva a un indemnización de perjuicios, por parte de quien lo causó por medio de una prueba o dictamen pericial; sobre ello la doctrina ha dicho:

 

Para que haya responsabilidad civil contractual o extracontractual es preciso que el demandante haya sufrido un daño. El simple hecho del comportamiento culposo del agente no genera por sí solo la responsabilidad civil.  

 

Por daño civilmente indemnizable entendemos el menoscabo de las facultades jurídicas que tiene una persona para disfrutar un bien patrimonial o extrapatrimonial. Ese daño es indemnizable cuando en forma ilícita es causado por alguien diferente de la víctima.

 

Los daños pueden ser patrimoniales o extrapatrimoniales. Los primeros son el atentado al patrimonio económico de la víctima, mientras que los segundos están referidos a la lesión de bienes protegidos por el orden jurídico, pero que no tiene valor pecuniario” . 

 

La ciencia jurídica ha determinado que para que el daño llegue a configurarse debe poseer ciertas características, las cuales han sido tratadas en extenso en variados textos sobre la responsabilidad civil; una de ellas, que se torna relevante para que se reclame indemnización, es la certeza del perjuicio causado, y es allí donde la estimación razonada, probada o probable del valor del daño toma relevancia; sobre este aspecto se puede resaltar el aporte que hace el doctrinante Tamayo Jaramillo, en su libro “Tratado de Responsabilidad Civil, página 247”, al decir:

 

“En cuanto a las condiciones del perjuicio indemnizable, decimos que este debe ser cierto; y la persona que reclama la indemnización debe ser la misma que resultó perjudicada, aunque el primer bien lesionado no fuera de su propiedad o no fuera su propia integridad la que se vio lesionada; finalmente, el beneficio moral o económico que se ve disminuido o suprimido debe estar protegido por el orden jurídico, si es que se pretende obtener su reparación” . 

 

Juan Carlos Henao en su obra “El Daño”, ha tratado los aspectos relevantes del daño y su indemnización, resaltando que: “el daño debe ser probado”, y además debe “ser indemnizado plenamente ; de allí que se requiera de todos los elementos probatorios necesarios que demuestren la disminución en el patrimonio del sujeto; para ello, el dictamen pericial debe tener en cuenta los documentos, archivos, correspondencia y demás elementos que prueben el perjuicio causado o aquel que se causará; la contabilidad, los estados financieros básicos y de propósito especial conforme a las normas vigentes, serán prueba además para dictaminar los perjuicios. 

 

No basta con que un sujeto haya sufrido un daño, y que otro haya actuado con dolo o culpa, para que este último responda contractual o extracontractualmente, se requiere de otro elemento característico de la responsabilidad, que la doctrina ha denominado “nexo de causalidad”, sin el cual no podría imputársele los efectos del daño a un ente o persona; por tanto, tampoco hacerlo responsable de los perjuicios. 

 

El dictamen pericial en materia contable, económica y financiera puede dar certeza probatoria sobre los efectos de la conducta de un sujeto y la causalidad respecto de la disminución patrimonial en quien reclama. 

 

El doctor Javier Tamayo Jaramillo, en ibro “Tratado de Responsabilidad Civil” sobre el nexo causal, ha expresado: 

 

Puede suceder que una persona se haya comportado en forma ilícita y en forma paralela o simultánea un tercero haya sufrido un perjuicio. En tales circunstancias, no existirá responsabilidad civil de quien se comportó en forma ilícita mientras dicha persona no haya sido la causante del perjuicio sufrido por la víctima. En general, ésta es una exigencia de todo el mundo normativo, sea religioso, moral o jurídico. Uno solo responde por los efectos de su propia conducta”

 

La ciencia jurídica ha realizado diversas clasificaciones de los daños y de los perjuicios; así por ejemplo, se han clasificado los daños como: i) patrimoniales y extrapatrimoniales, o como: ii) daños materiales e inmateriales, entre otras tipificaciones. 

 

La doctrina, específicamente el texto del doctor Juan Carlos Henao denominado “El Daño” hace una importante aclaración acerca de la distinción entre daño y perjuicio: 

 

Otro de los aspectos tradicionales en el estudio del daño ha sido el de determinar si dicho concepto es sinónimo de perjuicio. Si bien en términos generales los conceptos son utilizados indistintamente, lo que explica que la jurisprudencia colombiana haya afirmado que la “palabra daño equivale exactamente a perjuicio”, vale la pena precisar que las nociones, dependiendo de cómo sean tratadas, llaman la atención sobre formas diferentes de operar la responsabilidad civil, al concebir la legitimación en la causa para actuar y, por tanto, de indemnizar” 

 

Los perjuicios a su vez, deben cumplir con ciertos requisitos expresados por la doctrina; expone Juan Carlos Henao, entre ellos que el perjuicio debe ser: i) de carácter personal, y ii) de carácter de cierto; a estos dos presupuestos agrega Tamayo Jaramillo que iii) el beneficio afectado por el daño debe ser lícito. 

 

El daño emergente y el lucro cesante se consideran perjuicios patrimoniales (materiales), que son consecuencia de un siniestro o evento dañoso ocasionado por un sujeto, que afecta a una persona o un conjunto de personas, en sus bienes o derechos. 

 

El daño emergente se produce por la salida pasada, presente o futura de un bien o derecho del patrimonio de un sujeto, como consecuencia del evento dañoso; se origina lucro cesante cuando cierto bien o derecho debería haber ingresado al patrimonio de la víctima incrementado el mismo, pero dicho fenómeno no ocurrió, ni ocurrirá, a efecto del daño, como lo expresa el doctor Tamayo en su libro “Tratado de Responsabilidad Civil”, veamos:

 

Hay daño emergente cuando un bien económico (dinero, cosas, servicios) salió o saldrá del patrimonio de la víctima; por el contrario, hay lucro cesante cuando un bien económico que debía ingresar en el curso normal de los acontecimientos, no ingresó ni ingresará en el patrimonio de la víctima” .

 

Es incorrecto identificar el daño emergente con los perjuicios pasados y el lucro cesante con los perjuicios futuros, pues ambos pudieron ocasionar disminuciones patrimoniales en el pasado, también lo harían en el presente o en el futuro, como lo menciona además en su libro el doctor Tamayo:

 

“Por tanto, es inexacto identificar el daño emergente con los perjuicios pasados y el lucro cesante con los futuros, pues uno y otro pueden gozar de ambas características. Así, la víctima de un accidente tendrá derecho a la reparación no solo del daño emergente pasado (curaciones ya efectuadas), sino también del daño emergente futuro (operaciones que solo pueden realizarse con el transcurso del tiempo). Obsérvese como en el último caso, hacia el futuro, la víctima tendrá que hacer desembolsos patrimoniales con miras a recuperar su anterior estado de salud. (…)”

 

Fuente: “Tratado de los Dictámenes Periciales, Instituciones jurídicas, Económicas, Financieras, Contables y Tributarias. Aplicable al procedimiento Administrativo, Penal, Arbitral y general”, César Mauricio Ochoa Pérez. (Libro Naranja). Comprar aquí.

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