La primera mitad del 2022 estuvo marcada por una volatilidad que para el optimismo de comienzos de año podríamos calificar de poco esperada. Lo que se creía iba a ser la continuación de una recuperación económica ordenada y progresiva a nivel global luego de la pandemia, se encontró con la guerra entre Rusia y Ucrania, la profundización de los problemas en la cadena de suministro y el encarecimiento de las materias primas que en conjunto han generado parte de la espiral inflacionaria que es hoy fuente de preocupaciones entre los inversionistas.
En el ámbito local la atención se centró en el frente político. Luego de las elecciones presidenciales que dieron a Gustavo Petro como vencedor, el mercado se concentra ahora en digerir las propuestas de cambio y valorar sus implicaciones. A pesar de la incertidumbre por el complejo panorama internacional y el resultado de las elecciones, los eventos corporativos dieron un importante impulso al mercado accionario durante este primer semestre, acumulando 8 ofertas públicas de adquisición en poco más de 7 meses, suficiente para marcar la diferencia con otros mercados.
En contraste, durante los últimos 12 meses la mayoría de las bolsas han mostrado un desempeño negativo. De hecho, sólo el COLCAP, el dólar y los commodities (materias primas) acumulan un desempeño positivo, con el petróleo siendo el claro líder, mostrando un incremento del 53% nominal en este periodo de tiempo. En cuanto al peor desempeño, las acciones emergentes, las acciones globales y la deuda grado de inversión han mostrado los mayores retrocesos.
Los desempeños negativos tienen una estrecha relación con la situación económica mencionada inicialmente. Resaltamos de manera adicional:
- Los cierres realizados en China por la política de cero COVID.
- Las políticas monetarias menos acomodativas en las economías desarrolladas, con excepción del banco central de Japón, generando condiciones financieras más ajustadas.
- Las reducciones en la hoja de balance de los principales bancos centrales como respuesta adicional a la inflación.
Lo que sigue para los mercados exige un análisis cuidadoso, pues como consecuencia de las situaciones anteriores se ha levantado la alerta de una recesión. Aún está por verse si estamos destinados a enfrentar un período de contracción o si por el contrario lograremos un aterrizaje suave y algunos ajustes bastarán para encarrilar de nuevo la economía mundial en la senda del crecimiento. Cualquiera sea el caso, las decisiones de inversión habrán de contemplar todos los escenarios.
Partiendo de este entorno, la pregunta a responder es sin duda: ¿Cómo invertir en este momento? Para dar respuesta a este interrogante debemos evaluar el racional del cual parte el temor del mercado, así como las herramientas que tienen los bancos centrales para hacer frente a la inflación y cómo estas impactarían cada uno de los activos.
A continuación, abordaremos estos aspectos y el efecto que tendría en el desempeño de los diferentes activos junto a nuestras recomendaciones de inversión para cada uno de ellos.
¿Recesión inminente o crecimiento moderado?
Los últimos datos de inflación de 8.6% en Estados Unidos y 8.1% en Europa reflejan niveles no vistos desde hace más de 40 años para el primero y los mayores en su historia para el segundo, lo que ha generado un contexto en donde los principales bancos centrales a nivel global, salvo contadas excepciones, tengan que implementar posturas de política monetaria mucho más restrictivas, con el objetivo de controlar la escalada en el nivel de precios.
La Reserva Federal, el banco central de Estados Unidos, sorprendió en su pasada reunión con un alza de 75 puntos básicos en su tasa de referencia, un cambio que parecía impensable a principios del año. La preocupación gira ahora alrededor de la idea de que esta línea más agresiva de política monetaria resulte excesiva, ralentice la demanda y termine por provocar una recesión económica.
Una mayor probabilidad de este escenario se ha venido reflejando en algunos indicadores en las últimas semanas. El consenso de analistas de Bloomberg asigna un 33% de probabilidad de recesión para los próximos 12 meses y algunos indicadores estadísticos del comportamiento de las tasas de interés de corto y largo plazo (diferencial de 10 y 2 años) otorgan un 36% a la probabilidad de una recesión.
En ese sentido, agencias multilaterales como el Banco Mundial han revisado a la baja la expectativa de crecimiento económico global para 2022 desde un 4.1% hasta un 2.9%, mientras la OCDE pasó de un estimado de 4.5% a un 3%.
Teniendo en mente estos riesgos y la decidida acción de los bancos centrales para hacer converger la inflación hacia los niveles objetivo, consideramos que una ralentización económica para los próximos 12 meses es inevitable, y no descartamos una recesión, aunque consideramos que, de haberla, sería corta en su existencia y menos aguda que las anteriores dada la fortaleza en el mercado laboral y los aún robustos balances financieros de la empresa privada.
Evolución del Tipo de Cambio
Durante el año, la moneda se había caracterizado por una tendencia predominantemente bajista. Sin embargo, durante las últimas semanas, el peso perdió bastante terreno frente al dólar, lo que ha llevado el tipo de cambio desde niveles cercanos a los $3.700 a principios de abril hasta niveles superiores a los $4.100.
La volatilidad se ha incrementado con la incertidumbre política, que puede mantenerse en lo que resta de este año, si se tiene en cuenta que los motivos que la han generado continúan estando presentes. Creemos que el tipo de cambio estará sesgado al alza y se cotizaría en promedio en $4.087.
El déficit fiscal y el déficit en cuenta corriente continúan siendo los puntos débiles de la economía colombiana. En cuanto al primero, los agresivos subsidios a los combustibles están agregando presión a las cuentas fiscales a pesar de los ingresos extraordinarios derivados de los altos precios del petróleo.
En cuanto al déficit comercial, este se ubicaría en cerca del 4,5% del PIB (USD15,000 millones de dólares) lo que representa una disminución desde el 5.7% alcanzado durante 2021. Esta corrección del déficit se debe principalmente al crecimiento de las exportaciones de bienes y servicios.
Por otra parte, la tendencia alcista para los próximos meses estaría determinada por la incertidumbre frente al manejo fiscal del presidente electo, su plan de gobierno con respecto a la transición energética y la evolución de su propuesta frente al consumo interno de combustibles fósiles. Con esto, el aumento del papel del Estado en la economía y la disminución de la importancia del sector petrolero en la economía del país generarían fuertes presiones al alza en el tipo de cambio.
En cuanto a factores a la baja, encontramos que en la medida en que el país recupere o mantenga estable sus niveles de riesgo se favorecería la entrada de capitales, fortaleciendo del peso. A esto se suma que los precios de las materias primas continuarían presionados al alza en lo que resta del año, lo que sería favorable como fuente de recursos y financiamiento para el país.
Dichas fuerzas encontradas mantendrían la moneda cotizándose en un rango que estimamos entre $4.000 y $4.400 durante lo que resta del año.
Espero que este corto informe sea de su utilidad. Le reiteramos que en OCH estamos atentos a apoyarlos en el manejo de su portafolio de inversiones, en el análisis y evaluación económica de su empresa teniendo en cuenta los impactos macroeconómicos que cada día afectan el mundo de los negocios.
Fuente: Dirección de Estructuración de Mercado de Capitales